TARANTO DE LOS CUADREJONES
Alajú Yaco X Turca del Condado de Niebla
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English introduction
LA BIOGRAFÍA DE UN ALANO: “TARANTO DE LOS CUADREJONES” Introducción: Será difícil escribir sobre mi primer Alano desde la imparcialidad y sin caer en sentimentalismos.... de hecho, concibo este artículo como un cúmulo de vivencias que mi familia compartió con Taranto; anécdotas que definen desde una perspectiva más emotiva que técnica una biografía cuya trayectoria influiría en mayor o menor grado en el devenir de una raza –por aquel entonces- en pleno proceso de recuperación. Aclarar que por encima de cualquier aspecto técnico o meritorio de relevancia referido a este ejemplar, está un ser vivo que hizo crecer aún más nuestro amor y respeto hacia el perro en general y especialmente a la raza Alano. Como “no existe perro sin amo” (no debería al menos), me permito resumir nuestro encuentro con Taranto. La atracción que siempre sentí hacia el mundo animal arraiga en mi más temprana infancia; muy a pesar de mi padre –maestro a la antigua usanza- aprendí a dibujar perros antes que a “hacer la O con un canuto”. Ineludiblemente, esta afición evoluciona hasta la “obsesión” rozando casi la “patología”. La avidez con la que irrumpo en el mundo canino, hace toparme con la primera descripción –nada formal por cierto- de un Alano en el año 1977, bajo la tutela poco rigurosa de un álbum de estampitas lanzado por una conocida marca de pastelitos. Es curioso como una anécdota tan pueril repercutiría en la sensible mente de un crío de 9 años...Aquella referencia aislada -que no encontró rastro en las guías consultadas al uso -, se esfumó como un espejismo. Pocos años después –en el año 1982-, volví a “revivir” aquella imagen rescatándola de mi subconsciente cuando la revista “El Mundo del Perro” publica la primera referencia científica sobre tan “misteriosa raza”; un estudio presentado por el Doctor Montero en el I Symposium de razas autóctonas celebrado en la Facultad de Veterinaria de Córdoba. Las circunstancias hacen pasar por mi vida perros de diversos tipos, que dejaron gratísimo recuerdo, pero que en uno u otro aspecto, no satisficieron plenamente los requisitos que mi temperamento demandaba. La personalidad de cada uno va dictando las características físicas y conductuales que debe tener un perro para garantizar una convivencia mutuamente satisfactoria con él, y es esta premisa, condimentada con una cierta “querencia” por nuestra cultura y tradiciones, la que dibujaría al candidato ideal: en nuestro caso el Alano Español. Ya solo se trataba de buscarlo y comprobar si lo que se contaba de él era cierto ... y ya lo creo que fue así!!!. Nuestro encuentro con Taranto Adquirir un Alano de procedencia fiable en aquél entonces –1992- no fue tarea fácil, dado el escaso número de ejemplares contrastados. Afortunadamente, aún no había explosionado el “boom” de los oportunistas que tratan de subirse al carro de la raza por la vía fácil, y los escasos precursores que criaban eran de sobra conocidos; publicaban artículos y trabajaban de manera coordinada con unos objetivos muy claros en un ambiente de “hermandad”, lo que propiciaba el intercambio genético desde puntos dispares de nuestra geografía. Este contexto me permitió comunicar con varios de los pioneros y contrastar la información sobre el origen y procedencia de la escasa “oferta” disponible. Reiteradas referencias a una labor encomiable me llevan a la Palma del Condado (Huelva); donde el Sr. Jarén y D. Pedro L. Martínez (afijos “De los Cuadrejones” y “Condado de Niebla” respectivamente) trabajaban por la raza en la zona Sur desde un serio compromiso con el aspecto funcional. Por fin, después de largos meses de impaciente espera, recogemos a “Taranto de los Cuadrejones”. “Tito” –como lo llamamos en casa- nos abrió las puertas de la raza demostrándonos que ese equilibrio entre cualidades idílicas con que se nos describen protocolariamente a la mayoría de razas, se hacía realidad en nuestro primer Alano. Este animal conjugaba las características físicas y conductuales con tal compensación y sentido “estético”, que a medida que lo íbamos descubriendo, supimos que el periplo en la búsqueda de nuestra “raza ideal” había finalizado. Con Taranto descubrimos una concepción más naturalizada del perro; sin sofisticaciones ni estéticos alardes selectivos, nos encontramos frente a una raza puramente “ecológica” y perfectamente adaptada a su medio. Fue precisamente este medio hostil y las exigencias del entorno quienes modelaron en el Alano una serie de cualidades notables. A sus capacidades físicas se sumaban una salud de hierro; la parquedad en sus necesidades alimenticias; una desarrollada inteligencia natural y una notable rusticidad, entendida como ese cúmulo de características físicas que hacen del Alano un animal diferente, capaz de bregar bajo las condiciones de trabajo más extremas... Por encima de todo, destacaríamos una fidelidad inquebrantable capaz de hacerlo dar la vida por los suyos. No obstante, hay que decir que los mecanismos de aprendizaje de un Alano típico, están condicionados por una serie de peculiaridades ( a nivel de respuestas emocionales, instintos, jerarquización, etc.,) que lo hacen difieren al clásico perro de trabajo. El entorno rural demandaba del Alano una especialización diferenciada respecto al perro de pastoreo; estos perros debían ser tranquilos fuera de su jornada de trabajo; capaces de dosificar sus esfuerzos; dotados de un desarrollado sentido gregario para trabajar en equipo y para generar vínculos muy sólidos hacia el grupo; con un desarrollado instinto de caza y presa a la vez que un alto grado de respeto hacia el dueño, imprescindible para soltar la presa o reprimir su impulso bajo las circunstancias oportunas. Hay que vigilar su tendencia gregaria cuando se les mantiene en grupo, puesto que es tan fuerte que si descuidamos su proceso de socialización o los sometemos a continuas “presiones” o castigos, podrían llegar a “prescindir” del apoyo humano para buscar su liberación dentro del grupo. No obstante, conociendo su potencial, ritmos y peculiaridades, pueden llegar a ofrecer resultados sorprendentes en diversas disciplinas de trabajo clásico. Ya contamos con un nutrido grupo de iniciativas al respecto, y comenzamos a “identificar” determinadas líneas que destacan por su mayor potencial en este sentido. La genealogía de Taranto. Taranto engloba en su arbol genealógico un compendio genético de lo más destacado de su época: tubo la suerte de tener a “Turca del Condado de Niebla” como madre; modelo de perra adoptada como emblema de la raza y que llegó a ser portada de revista y cabecera de artículos importantes. El padre de Turca –Turco- fue uno de los más admirados agarradores de Encartaciones. La madre de Turca, -Niebla- protagonizó numerosos agarres de ganado bravo, algunas de cuyas secuencias quedaron inmortalizadas para diversas revistas e incluso para la televisión Japonesa. La línea paterna de Taranto venía avalada por el mejor perro trabajando con ganado que jamás se conoció por el Sur –“Alajú Yaco”-; hijo a su vez del afamado “Godo” y hermano de perros pilares en la mayoría de criadores coetáneos (Serio, John, Bisco, Goti, etc...). Características físicas y caracter: Tito heredó la tipicidad de su madre y la soberbia funcionalidad de su padre: ejemplar mediano de estructura longilínea, de 34 kilos de peso, apretado, mediano, pisando fuerte y con zancada amplia. De aspecto rústico y piel suelta, -algo pellejoso–, ojos color miel y mirada de abajo arriba, lánguida, casi triste, reforzada por un ribete negro que dibuja el contorno de sus ojos; característica que transmite con notable porcentaje a su descendencia. Cabeza voluminosa y de gran belleza estética; hocico corto, ancho y profundo, insertado en un cráneo amplio y recto con un surco naso-frontal acentuado pero sin exageraciones. Movimiento seductor; elástico y felino; da la sensación de ingravidez, como si al correr fuera flotándo, deslizándose por terrenos difíciles sin aparente esfuerzo: solo la observación de esta peculiaridad es un deleite que lo hace diferente a otras razas afines. De instintos muy marcados; excelente agarrador de vacuno y porcino; sujeta sin ensañamiento ni bloqueo, con una presa muy poderosa y fija, a boca llena, manteniendo el control y esquivando hábilmente las acometidas de su presa. Sus capacidades físicas son sobresalientes, especialmente destacables su velocidad, resistencia y flexibilidad durante el lance del agarre. Caza lejos, batiendo mucho terreno, silencioso, obsesivo, incansable; sobreviviría en medio del campo y apostaría que sería el líder en una jauría de perros asilvestrados: un superviviente. En la casa es muy tranquilo, limpio y silencioso. Muy sensible al castigo verbal o al reproche, pero extraordinariamente insensible al dolor y valiente, cicatrizando las heridas muy rápidamente. Nunca ha estado enfermo, come poquísima cantidad de alimento en proporción a su peso; esto implica un altísimo grado de asimilación y aprovechamiento del alimento ingerido. En el terreno reproductivo se muestra como un vigoroso “Don Juan”, excelente raceador, muy hábil y con amplios recursos en su cortejo. Su carácter es muy serio, sereno, templado y especialmente noble para con los más débiles (niños, ancianos, perros pequeños, etc...). Se muestra tolerante y paciente con los machos de su grupo y respecto a otros machos “externos” se mantendrá distante siempre que estén en territorio neutro y no lo provoquen; otros machos dominantes suelen retraerse ante su mirada; se hace respetar. Solo pelearía en defensa propia, limitándose a neutralizar a su atacante en cuestión de segundos y aceptando su “rendición” con nobleza. No acepta la sumisión pero no es en absoluto conflictivo ni pendenciero: encarnando los “valores” de un lider de grupo. Desde pequeño lo inicié en los lances del agarre gracias a la colaboración de la ganadería de “Santa Cecilia”, y con pocos meses paraba becerras de gran envergadura; su proyección en esta especialidad lo llevaron a realizar peligrosas incursiones en el terreno del ganado bravo con resultados sobresalientes. Conjuga recursos intuitivos y habilidades innatas con una gran capacidad de aprendizaje en sus clases de adiestramiento, resolviendo con eficacia y destreza diversos ejercicios de obediencia y defensa sin apenas haberle dedicado tiempo para ello. Empalagoso; cariñoso hasta lo morboso, siempre busca contacto físico pero desde un acercamiento respetuoso, sin transgredir. Muy tolerante hacia el resto de nuestros animales; capta a la perfección lo que quieres de él en cada momento y así lo acata: se trata de un animal entrañable y de fácil convivencia. Biografía y anécdotas: Representante de la raza en numerosos eventos caninos, donde además de mostrarse físicamente, ha exhibido demostraciones de aptitud hacia el trabajo. Ha seducido a distintos Jueces especializados en razas autóctonas, habiendo sido galardonado en varias concentraciones como “Mejor ejemplar absoluto”, “Mejor reproductor”, etc. Galardones refrendados posteriormente por la calidad de muchos de sus descendientes. Su tipicidad y carácter lo han llevado a protagonizar secuencias importantes y comprometidas para el cine. Formó parte de la 1ª muestra objeto de análisis genético por parte del “Departamento de genética de la Universidad de Córdoba” y que tan halagüeños resultados arrojó en favor de la raza. En la “especial de razas Españolas” del año 98 (El Escorial), donde fuimos invitados por D. Nicasio Gómez de Ocón, fue filmado y analizado en sus medidas biométricas por miembros de la referida Facultad Veterinaria, dando muestras junto a sus descendientes de un fenotipo muy característico y homogéneo que fue destacado gráficamente en diversas publicaciones del sector. Ha sido la calidad e influencia de su descendencia su mejor “aliada” y la que ha contribuido a ennoblecer su nombre; hoy se habla de la línea de Taranto como posiblemente la de mayor repercusión contemporánea sobre la raza: su característico fenotipo -herencia de la que fuera “Turca” (madre) y el mismo “Turco” (abuelo)- ha marcado la impronta de sus hijos, nietos y biznietos. Este sello lo abanderan con orgullo ejemplares de varios afijos de renombre conocido. Taranto el maestro Sería injusto cerrar capítulo omitiendo las enseñanzas que este animal ejerció en su entorno -personas y perros-: desgraciadamente para mis padres, -que no comparten el mundo de la caza-, Taranto me hizo descubrir a través de la vivencia de diversos lances ganaderos, el “instinto depredador” que llevamos latente el ser humano. Desde una extraña conjunción entre el amor por la naturaleza y los animales, y un instinto de supervivencia regido desde lo más profundo de nuestros propios genes, observo -no sin cierto estupor- como la pauta innata de la caza, ha ido aflorando de manera irrevocable y al margen de cualquier atisbo de empatía, a toda mi formación humana, siempre alejada de la caza. Aún hoy, después de haber experimentado en varias ocasiones el letal desenlace de un episodio cinegético, no consigo evitar por completo el sentimiento de lástima tras concluir el lance; de algún modo, la propia evolución nos condujo a lo más alto como especie sensitiva e inteligente paralelamente a situarnos en el vértice más alto de la cadena trófica como especie depredadora. Esta ambigüedad me hace sentir la caza desde dos perspectivas diferentes y con un cierto “conflicto interno”, especialmente por haber llegado a ella sin una herencia cultural o generacional previa. Sin embargo, el filosofar sobre este aspecto me ha enriquecido ayudandome a conocer mejor nuestra propia evolución como especie y asumir el lugar que ocupamos en la pirámide trófica; a respetar otros modos de vida, y a crecer en definitiva como persona. Somos capaces de juzgar al resto de culturas o sistemas de vida desde nuestra atalaya de ciudadanos urbanos de “primera” y desde una perspectiva singular, mientras saboreamos un paté desconociendo el proceso que este implica en su producción, ... y desde esta realidad sesgada, encubierta por una existencia “artificiosa” y desconociendo nuestros propios mecanismos innatos de supervivencia, nos permitimos confundir la “depredación” con la “inmoralidad”, la crueldad o incluso el "asesinato". Al menos, las víctimas de la caza tuvieron en primer lugar, la oportunidad de escapar, crecieron y vivieron en un entorno natural mantenido y garantizado por quienes practican esta actividad ancestral. Cambiando a la perspectiva ganadera, el agarrar vacas con Alanos en la montaña, lejos de una actividad cruel, implica preservar la continuidad de este medio de explotación ganadero desde una perspectiva ecológica; garantizar la riqueza biológica de la montaña y la cultura centenaria de quienes la habitan. Aunque el agarre de la vaca se realice por su propio bien, esta sufrirá evidentemente unos segundos de estrés; pero sobre todo, ha disfrutado de una existencia libre y digna durante su vida. Por el contrario, nuestra vaca “urbana”, a la que ni siquiera ponemos rostro y que solo conocemos en forma de botella de leche o filete embalado en una bandeja de plástico, padeció una existencia “cruel”; enjaulada en un par de metros cuadrados hasta exprimir todas sus posibilidades productivas. Haciendo un ejercicio de “empatía”, pienso que todos eligiríamos ser ese “pato” que vivió en libertad frente a ese otro al que “rebentaron” el hígado para hacer patés mientras sufrió una infeliz y corta vida. Y lo mismo con el Jabalí frente a al cerdo cebado y transportado en condiciones innobles para matadero, y otros muchos ejemplos.... El entorno agreste que forjó a la raza en toda su dimensión funcional, me permitió acercarme a esta otra realidad -la del campo- para conocerla, comprenderla y respetarla. Posiblemente esta haya sido la lección más importante que me dio nuestro primer Alano. Taranto vive hoy su vejez tranquilo y en paz, en nuestra recién adquirida finquita de olivar que lleva su nombre como homenaje: “Finca los Tarantos”. Duerme en un sofá destinado exclusivamente para su disfrute dentro de la casa, y se permite esporádicamente dar lecciones a sus tataranietos con los que convive: le gusta ejercer de “abuelo” y maestro en sus ya escasas excursiones al campo, donde parece recobrar su juventud volviendo a sus andadas; cruzando pantanos, buceando tras las fochas de agua, descendiendo por peligrosos acantilados y controlando que los cachorros a su cargo sigan sus pasos en busca de alguna presa...es un superviviente que sería capaz de subsistir en mitad de un monte. Cuando ahora, ya viejo y melancólico lo miro a los ojos, no puedo dejar de ver su lado “humano”, parece como si la vejez le hubiera ido dando la sabiduría de una persona, como si ambos hubiéramos intercambiado parte de nuestra esencia, parece que compartiera mis pensamientos, esto ya no es objetivo, pero ¿que aliciente tendría la relación hombre-perro sin este vínculo?... rezo por que tarde mucho en llegar su final, porque cada vez lo veo más “sabio”, más humano... y será duro aceptar su ausencia. Por él.... Homenaje a un Alano Javier Parra Gordillo “Los Tarantos” (Afijo 8903). Este artículo fue escrito meses antes de su muerte: Taranto murió consecuencia de su instinto en la primavera del 2004; el 18 de Abril. Como no podía ser de otra forma, toda una mañana persiguiendo a través de la valla a los potrillos de nuestra finca vecina le hicieron sufrir una torsión de estómago con fatal desenlace. Afortunadamente, nos deja lo mejor de él: su recuerdo y su descendencia. |
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